Lic. Antonio Guerrero Aguilar

La palabra influenza es de origen italiano. En el siglo XV se empleaba para referirse al contagio de una enfermedad, entendido como la “influencia” que una dolencia de una paciente ejercía sobre otra, así como también designaba el brote de alguna enfermedad.

Lic. Antonio Guerrero AguilarLa palabra influenza es de origen italiano. En el siglo XV se empleaba para referirse al contagio de una enfermedad, entendido como la “influencia” que una dolencia de una paciente ejercía sobre otra, así como también designaba el brote de alguna enfermedad. Por ejemplo, los historiadores recuerdan que en 1504 hubo en Italia una epidemia de fiebre escarlatina, que se llamó influenza di febre scarlattina (epidemia de fiebre escarlatina). Dos siglos más tarde, en 1743, surgió, también en Italia, una gran epidemia de gripe, que en poco tiempo se extendió por toda Europa, que se llamó influenza di cattarro (brote o epidemia de catarro), nombre que luego se abrevió a influenza y desde entonces se relacionó con la gripe.

Esta denominación ya había sido adoptada por el francés en 1782 para referirse a la gripe y por la misma época llegó al inglés. En 1843 aparece por vez primera bajo la forma flue. Esta grafía pasó más tarde a la actual flu. En el Diccionario de la Academia, este nombre de la gripe sólo apareció en la edición de 1927 definido como "italianismo por trancazo o gripe".

Todas la patologías virales de una infuenza se manifiestan con fuertes fiebres y malestar general como cansacio físico, sudoración, diarrea o vómito. Preocupado por el estado de la salud pública, recibí la semana pasada una llamada del Dr. Fernando Vázquez Alanís en la que se me preguntaba cuántas epidemias habíamos padecido en la región. A mi interlocutor le decía que seguramente en la obra Nuevo León, apuntes históricos de Santiago Roel, venía una relación en torno a las enfermedades y en efecto, nos señala las siguientes:

  • En 1798 hubo una epidemia de viruela en Monterrey
  • A fines de 1802 y principios de 1803 ocurrió una epidemia de fiebre amarilla (hepatitis) en todo el estado que ocasionó la muerte de 1, 900 vecinos de los 30 mil que se infectaron con la enfermedad. También de fiebre amarilla en 1802, 1898 y 1903
  • También ocurrieron brotes de malaria o paludismo en 1815, 1825, 1836, 1844, 1853 y 1866, provocado por piquetes de mosquitos
  • De cólera morbus en 1833, 1849, 1850 y 1866 con fuertes diarreas
  • Influenza española en 1918 llamada así porque se decía que el foco de infección había sido la península ibérica
  • En la década de 1950 de fiebre tifoidea o salmonelosis

El cólera morbo en 1833 se desarrolló en todo el país. Para fines de julio estaban invadidos los pueblos fronterizos de Tamaulipas y los pueblos de Nuevo León aledaños a ellos. Se decía que el brote había iniciado en Matamoros, por lo que se tomaron medidas urgentes para evitar el contagio, lamentablemente el 6 de agosto de ese año se presentaron las primeras víctimas. Alarmado el gobierno, dictó medidas de seguridad e higiene pública. Pensando que la fruta era la fuente de trasmisión de la enfermedad, fue decomisada y destruida, se prohibió el ingreso de la misma, de la matanza de reses y de otros animales dentro de las poblaciones, que no se arrojaran las aguas negras a las calles, que se mantuvieran limpias las casas, las fuentes y las acequias, se prohibió la venta de vinos y licores y los bailes después de las 10 de la noche.

Entre abril y diciembre de 1903 ocurrió una epidemia de fiebre amarilla o hepatitis que atacó preferentemente a los municipios del norte y del centro del Estado. Se decía que el foco de infección estaba también en las costas de Tamaulipas.

A fines de 1918, una terrible enfermedad llamada Influenza Española invadió a todo el Estado. Fue una pandemia que  causó muchísimas muertes. Por ejemplo, el 21 de octubre de 1918 fallecieron 100 personas en Monterrey, el promedio de muertes era de 10 por día.

He escuchado que nuestra generación ha sido testigo de una enfermedad que puso en alerta a nuestras autoridades. También he visto cierto escepticismo que tiende a menospreciar los alcances de la llamada Influenza Humana. Ciertamente que nuestras autoridades deben invertir más en salud y en investigación y tecnología. Solo así evitaremos que broten nuevas enfermades o viejas enfermedades que se pensaban que ya se habían erradicado.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de Santa Catarina


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