Lic. Antonio Guerrero Aguilar

La historia de México está repleta de casos en los que la mujer participó activamente. Recordemos que una de las promotoras de nuestra independencia fue Josefa Ortiz de Domínguez, quien había nacido en Valladolid, hoy Morelia en 1768.

Lic. Antonio Guerrero AguilarLa historia de México está repleta de casos en los que la mujer participó activamente. Recordemos que una de las promotoras de nuestra independencia fue Josefa Ortiz de Domínguez, quien había nacido en Valladolid, hoy Morelia en 1768. Se casó con el Lic. Miguel Domínguez, quien fue Corregidor de la Ciudad de Querétaro. En su casa se reunían los principales jefes insurgentes como Allende e Hidalgo. Ella fue la mediadora entre su esposo y los insurgentes cuando se supo que estaban planeando la independencia de México. Después de la aprehensión de Hidalgo y Allende, fue confinada a un convento. Cuando Iturbide se proclamó emperador, fue invitada para ser dama de honor de la emperatriz, pero nunca aceptó ningún cargo u homenaje por su participación en la insurgencia. Murió en 1829 en la Ciudad de México.

Otra heroína de la Independencia es Leona Vicario. Ella nació en la Ciudad de México en 1789. Fue colaboradora, informante y patrocinadora de los insurgentes. Durante la guerra de independencia se casó con Andrés Quintana Roo. Cuando terminó la guerra fueron restituidos sus bienes. Murió en la Ciudad de México en 1842.

No obstante y debido al papel esencial de la mujer en nuestra historia, siempre ha permanecido al margen de ella. Aquí bien cabe la máxima que sostiene que detrás de cada hombre a una gran mujer: Margarita Maza como acompañante de Juárez, la emperatriz Carlota como contraparte femenina y de la realeza europea con Maximiliano de Habsburgo, Carmelita Romero como “domesticadora” y conciencia positiva de Porfirio Díaz. Por ejemplo, en la novela Los bandidos de Río Frío de Manuel Payno encontramos la típica situación de la mujer durante el siglo XIX: la vida social, política y económica la hacen los hombres, la mujer a la casa. Tenía poco acceso a la educación y tenía dos ocupaciones: la casa o el convento.

Como se advierte, un papel meramente secundario. Una muestra de lo anterior es la famosa epístola de Melchor Ocampo que en algunos lugares del país se sigue leyendo durante la ceremonia del matrimonio civil y en la cual se hace referencia de que  la mujer es  dulce, abnegada,  su ámbito es el hogar y su función es la comida y el cuidado de los hijos. De igual forma, vemos mujeres en la gesta revolucionaria. La revolución fue hecha por soldados errantes que llevaban a su familia al combate. Así surgieron las “Adelitas” que con actitud estoica, sufrida y desinteresada acompañaban al soldado. Si éste moría, la mujer debía arrejuntarse con otro para procurar su mantenimiento.

No obstante,  hubo señales que promovían la reivindicación social de la Mujer desde fines del siglo XIX, cuando surgió de manera institucional un movimiento feminista para establecer la igualdad  de los sexos y el derecho por igual a la educación. Y durante el porfiriato surgieron grupos de mujeres que exigían una mayor participación y un mejor gobierno a Porfirio Díaz y fue en Yucatán donde se verificó el primer congreso feminista en 1919. También ahí obtuvieron derecho al voto en 1949. A nivel nacional lo alcanzaron durante el sexenio de Ruiz Cortínez en 1953. Pero cabe señalar que la primera mujer en ocupar una  alcaldía en México, fue la Señora Orfelinda Villarreal en la municipalidad de Higueras, Nuevo León.

Antonio Guerrero Aguilar


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