Lic. Antonio Guerrero Aguilar

La tradición es una herencia cultural, trasmisión de creencias y técnicas a otras generaciones. Nos ayuda como reconocimiento a la verdad. Es una promesa o garantía sagrada que liga a los hombres con el pasado y que conserva o trasmite todo lo hecho por quienes le precedieron.

Lic. Antonio Guerrero AguilarLa tradición es una herencia cultural, trasmisión de creencias y técnicas a otras generaciones. Nos ayuda como reconocimiento a la verdad. Es una promesa o garantía sagrada que liga a los hombres con el pasado y que conserva o trasmite todo lo hecho por quienes le precedieron. En consecuencia, es una actitud reverencial ante la vida. Pero los ritos actuales no hablan por sí solos. Necesitan ser explicados, especialmente por el misterio contenido. Por ello en éste artículo explicaremos el sentido y el origen de la fiesta de la candelaria para los cristianos y que tiene su origen en fiestas paganas que se realizaban en el mes de febrero.

La palabra febrero viene del latín februarius. Literalmente febrero significa purificación y entre los pueblos de la antigüedad era el tiempo propicio  para las purificaciones tanto físicas, como espirituales y materiales. Los romanos en éste mes acostumbraban incendiar los campos para preparar la siembra de los mismos, ya que entendían que el fuego propiciaba el ciclo de la regeneración de la tierra y de los campos. El rito se mantuvo hasta el año 494, cuando el Papa Gelasio I lo reemplazó por la Festividad de la Purificación.

Los ritos de la purificación coincidían además con el festival de las Lupercales, que tiene que ver con la fecha de la fundación de la ciudad de Roma, cuyo inicio estaba relacionado con el sacrificio de cabras, de la que se tomaban tiras de piel llamadas februa y que según sus creencias, servían para hacer fértiles a las mujeres.

El Papa Gelasio en el siglo V instituyó la festividad de la Purificación de la Virgen. Para ello supusieron que ya habían pasado casi cuarenta días o la cuarentena que toda mujer debía de guardar después de dar a luz. Es cuando la Virgen María y San José deciden llevar al Niño para presentarlo ante el templo, porque Jesús es la Luz de los Pueblos y de los oprimidos que creyeron en las profecías de la reencarnación.

De ahí que los cristianos van a relacionar esa Luz Divina con las palabras de Simeón: “ha venido la luz que iluminará a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte”. La Candelaria es precisamente la entrada de la luz al templo. Es la presentación del Mesías y que está unida al ciclo navideño. Aunque el tiempo litúrgico navideño concluyó el día 6 de enero, la tradición popular mexicana “levanta” al nacimiento del niño hasta el  2 de febrero, día de la Candelaria.

Pero fue en el siglo XI cuando las velas se admitieron en el culto a la Candelaria. Existe una relación entre la vela y la diosa Venus, cuyo planeta brilla con fuerza en el firmamento. La luz o candela, es el fragmento universal y de la vida del cosmos y de la vida misma. Fuego protector y que luego con el, circundaban los campos para que la vitalidad de la llama se comunique a los sembradíos y así espantara a los malos espíritus.

En el Día de la Candelaria se llevan a  bendecir las velas que habrán de usarse durante todo el año, las cuales tienen propiedades para apaciguar a las fuertes lluvias y evitar las malas vibras y envidias que nunca faltan. Dicen que bastaba que tirar una veladora encendida al patio, para que dejara de llover.

También es la fecha en que se pagan los tamales de quién se sacó el monito en la rosca de Reyes. Muchas personas ven como una carga o una obligación el sacarse el niño de la rosca de Reyes. Todo lo contrario, pues debemos considerar en su sentido original, que es el Niño Dios que se manifiesta y que en cierta forma nos eligió. Aunque es complicado en éstos tiempos pagar los tamales, estoy seguro que la Providencia regresará y con creces, a quienes se hicieron acredores al Niño Dios en su corazón.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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