Profr. Santos Noé Rodríguez Garza

Todo aquel que sale de su solar nativo y sus raíces familiares son profundas, con el tiempo vuelve a su terruño, a revivir de nuevo los recuerdos de su infancia.

Profr. Santos Noé Rodríguez GarzaTodo aquel que sale de su solar nativo y sus raíces familiares son profundas, con el tiempo vuelve a su terruño, a revivir de nuevo los recuerdos de su infancia.

Manuel Humberto Villarreal González quien nació el 30 de septiembre de 1927, en Sombreretillo; regresó a su tierra, fue su última voluntad; el féretro trajo a su amado Sabinas sus restos mortales, quiso pasar a la eternidad al lado de su esposa y de los suyos que yacen en el panteón mas antiguo de la localidad.

Había emigrado a los EE.UU. en 1948, buscando una mejor forma de vida, él quería que con el fruto de su esfuerzo y su trabajo los suyos tuvieran un porvenir mas halagüeño.

Dejaba en Buenavista un pequeño comercio con el que inicialmente pretendía surtir de alimentos a la región, pero como no tenía el movimiento mercantil que el se proponía, se lo dejó a su hermano Cándido, con existencia y deudores; se fue a la aventura al otro lado, tuvo suerte y en Chicago entró a trabajar a una fundición de hierro, donde estuvo por más de 25 años.

Con regularidad venía a Sabinas a compartir con sus paisanos, ayudaba a cuanta persona se acercaba a él en busca de apoyo, acostumbraba traer cajas con plumas que le gustaba regalar a los niños, a sus amigos y compañeros.

El 20 de Septiembre de 1953 contrajo matrimonio con su novia Eloisa Garza Garza, distinguida dama de familia de tradición y arraigo en el pueblo, con quien procreó dos hijos Juan Manuel y Jaime, a quienes procuró darles educación y les inculcó el amor por su tierra y por los suyos.

Siguiendo la tradición del rancho: donde acudía a las carreras parejeras de caballos; le gustaba ir a los hipódromos gringos a divertirse, donde tomaba espectaculares fotografías del movimiento de los caballos; cuando venía al pueblo tomaba todo tipo de escenas que luego mandada a sus familiares y amigos, algunos conservan las fotografías que guardan con mucho cariño.

Sus hermanos se vinieron al pueblo y establecieron una tienda de productos varios a donde acude la población a surtirse de alimentos: Don Cándido y Don Rodolfo han sabido ganarse la confianza y el cariño de las gentes, acompañados en su trajinar diario por Abadín, hijo de Don Cande; todos forman un núcleo familiar de gran arraigo y responsabilidad, por eso al perder al hermano mayor de la familia, los amigos y familiares acudieron a solidarizarse con ellos y nosotros desde aquí les enviamos un fuerte abrazo y un saludo cordial. Deseando que los automóviles Cadillacs que tanto le gustaban al hermano, sigan rodando por los caminos infinitos del cielo y queden en la memoria de todos los suyos por siempre jamás.

Saludos

SANTOS NOÉ
Cronista de la ciudad


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