En días pasados lo hemos relatado ya, fuimos partícipes de un hermoso homenaje que los alumnos de la vigésima generación de la Escuela Secundaria Profesor Antonio Solís G. rindieron a sus maestros 1956/2006.

Al escucharlos contar anécdotas de su vida adolescente, sus vivencias en el salón de clases y sus aventuras en el río; corrió por mi mente el recuerdo de todas las vivencias que añoré, cuando estuve ausente de mi pueblo cuarenta años.

Como la mayoría ahí presente, también fui forastero en la tierra que pisé. Salimos de nuestro solar nativo, a trabajar y luchar para darles a nuestras familias mejor vida.

Todos se entregaron de corazón a sus profesiones sin preguntar: ¿de dónde eran los beneficiarios de su trabajo? ¡de aquí o de allá!

Forasteros en su propia Patria, sólo porque cambiaron de lugar para vivir, pero aportando su esfuerzo, su capacidad, su inteligencia, sus virtudes, para mejorar la sociedad en que se mueven.

Sólo aquel que no ha luchado fuera de su solar nativo, no sabe de lo hermoso que se siente, que otra sociedad que no es la tuya te reconozca los méritos y te aliente a seguir trabajando.

Nadie es profeta en su tierra, tienes que ir fuera de ella a probar que en realidad vales, para sentir la satisfacción de decir que eres algo.

Todo aquel que nació con fortuna y tiene el privilegio de tenerla y engrandecerla con su esfuerzo y su capacidad, podrá comprender a los fuereños que se levantan y luchan día con día, unos por la supervivencia y otros por su mejoramiento.

A donde quiera que vayan los hijos de Sabinas, serán forasteros, pero ellos con su trabajo y honradez sabrán labrarse un lugar en la sociedad que habiten.

Muchos como nosotros, también pueden decir con honra y satisfacción, yo también fui forastero.

Santos Noé



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