Profr. Benito López ValadezEl mismo grupo anterior, recuerden que eran -cazadores y pescadores-, y en esta memorable ocasión por cierto, se les pegó Edelmiro Garza y tal vez otros más. Salieron alegres con todos los enseres de pesca: Sogas, carretes, piolas, carnada viva, sardina y lombriz de tierra, etc. Iban con rumbo al Río Salado, sin especificar algún Charco en especial. Sería tal vez el año de 1955, por citar uno, ya que no se recuerda.

Pero se les había olvidado la ensarta y ya estando allá. Marcos Cuevas González, célebremente, decía a cada instante, que capturaba un pez: “otro animalito” y “otro animalito”. Cabe recordar, que la palabra “animal” o “animalito”, era la oficial en la cacería y en la pesca, para no herir susceptibilidades, por aquello de los apodos, de los integrantes del simpático grupo.

Como no traían la ensarta mencionada, alguien sacó un costal de ixtle de la camioneta en que habían ido. Allí empezaron a echar los peces capturados y acto seguido con un cordón, le amarraban en la parte de arriba y lo amarraban de un arbusto y lo metían al agua.

Desde que echaron los primeros “animalitos”, “Miro” los espetó: “esos animalitos” se les van a morir, porque no pueden respirar, no ven que le están amarrando al costal arriba y no les entra aire. Como era fácil suponer, eran ávidos pescadores, que se las sabían de todas todas; no hicieron el menor caso.

Y la acción de capturar “animalitos” y de echarlos al costal y amarrarle, se repetía a cada instante. Y “Miro” con la misma protesta a cada instante.

Y como siempre “Va el cántaro al agua hasta que se quiebra”. en un ligero descuido de los ávidos y experimentados pescadores, “Miro” le soltó la amarrada al costal y lo dejó colgado en el agua con la parte superior abierta. Los peces vieron la oportunidad y la lograron.. Casi no quedó ni uno para muestra o para el suculento caldo.

Las protestas y actos siguientes, por los pescadores, son fáciles de suponer y entender. Recuerden “al buen entendedor pocas palabras”.

De Don Marcos como se diría años más tarde, se recuerda que llegó a Sabinas a probar fortuna en 1949, procedente de Linares, N. L. Fue empleado de Telmex y actualmente está disfrutando su merecida jubilación. De él, sus hijos: Joel y José Enrique, daríanse cuenta que no sabía nadar. Lo confirmaron una tarde en que se encontraban pescando en le Charco del Lobo, por el lado sur. De improviso y sin llover, empezó a llegar una “avenida” y lo invitaron a cruzar y venirse a Sabinas. Allí les dijo: “no sé nadar”, si me meto al agua, me ahogo. Y tuvieron que venirse a pie, pasando por las colonias Lozano y Bella Vista, hasta llegar al puente de la Carretera Nacional. Y entonces sí, a casa, felices y cansados de tanto caminar por la vuelta que dieron.


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