Profr. Benito López ValadezCasi los mismos personajes anteriores, en el mismo año y en los mismos flamantes automóviles (que eran la envidia de la dorada época aquella, todavía quedaban y circulaban en la década del 60 unos 40 automóviles y en los tiempos actuales, se cuentan con los dedos de una mano y es todo un lujo sobre ruedas verlos pasar gallardamente, frente a los azorados ojos que los ven y que son dignos de figurar en un museo de automóviles antiguos.

Profr. Benito López ValadezCasi los mismos personajes anteriores, en el mismo año y en los mismos flamantes automóviles (que eran la envidia de la dorada época aquella, todavía quedaban y circulaban en la década del 60 unos 40 automóviles y en los tiempos actuales, se cuentan con los dedos de una mano  y es todo un lujo sobre ruedas verlos pasar gallardamente, frente a los azorados ojos que los ven y que son dignos de figurar en un museo de automóviles antiguos. (El escribando tiene pendiente formar el Club del Automóvil Antiguo en Sabinas Hidalgo desde 1963. Por lo pronto el Dr. Salvador Treviño Cuevas apoya la idea y como todos saben posee docena y media de automóviles antiguos de colección). También ha dejado pendiente la organización de la “Sociedad Numismática de Sabinas Hidalgo, N. L.”, ya que es un apasionado pequeño coleccionista y alentador de dicha actividad cultural por más de 40 años. Y por último tiene pensado proponer que “Cenizo” sea considerado como la planta nativa representativa de Sabinas Hidalgo, N. L. (Este arbusto se encuentra distribuido en la mayor parte del Estado y por supuesto, como cubierto de ceniza, no es muy apreciado como planta de ornato. Tiene características para formar un cerco vegetal. Es resistente al clima extremoso. Soporta la sequía. Sus flores blancas son muy raras y varían todos sus tonos de rosa a violeta). Y si el Hacedor y el tiempo lo permiten con gusto dos escritos más.

Dirigiéronse en excursión de pesca al Río Salado, allá por “Las Tortillas”, que de paso se menciona que tiene el citado lugar barrancos muy altos y allá en el fondo corre la casi siempre revuelta agua a veces mansa a veces bronca, en donde siempre ha habido peces de tamaños colosales.

Los excursionistas pensaban quedarse en aquel lugar de perdido 4 días. Había llevado muy poca comida, pero eso sí iban muy bien pertrechados con liquido casi cristalino extraído del maguey y casi en cantidades navegables.

De los peces atrapados, parece que se recuerda poco, lo que si es recordable y causa la hilarante risa, es que la comida, se les acabó de volada, ya casi en el último día de estancia en aquel barrancoso lugar, sólo les quedaba harina de maíz y pensando haciendo, se pusieron a cocinar una panocha, arepa o torta de maíz con manteca gruesa (pero no quedaba manteca ni para remedio).

Así fue que solamente la amasaron con agua, la pusieron en el acero del número 12 la atizaron y todos estaba alrededor, impacientes y hambrientos, esperando que saliera para darle el “mate”.

La citada panocha. arepa o torta, por fin se coció y manos a la obra, había que sacarla del caliente y ardiente acero, (se había pegado por la falta de manteca), se les ocurrió pegarle al acero contra el suelo y la tomaron del mango y dale dale, como muchacho que le pega a una piñata y de repente, la panocha, arepa o torta, salió del acero rodando y agarró más vuelo cuesta abajo en dirección de las antes citadas barrancos.

Ni que decir, que todos los pescadores, emprendieron la descomunal carrera, tras la rodante presa. No la alcanzaron, se frenaron ante las desafiantes barrancos y la panocha, arepa o torta, cayó al vació y al poco rato, le echaban tamaños ojos, cuando veían que se alejaba flotando río abajo. Y el desayuno, almuerzo o comida al rato desapareció ente los ojos, no había manera de bajarse y nadar tras ella para darle el escabeche. Tuvieron que regresar en ayunas como si fuera Semana Santa.


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