Profr. Benito López ValadezA ojo de pájaro o halcón tras la presa, sin presentar la siguiente anecdótica e hiriente situación, tan real como pocas y de las enseñanzas de nuestro añorado Río Sabinas, donde una gran cantidad de niños, pasearon por el Río y el Río pasó también por ellos y allí se aprendió a pescar, nadar y a cazar y esta vez no iba a ser la excepción.

Corría el año de 1963, cuando alegres una mañana partían al Charco Azul y La Cortina, a pescar y hacer un caldo por allá, bajos las sombras de los centenarios sabinos, mudos testigos de las enormes “avenidas”. “El grupo del Barrio el Buche integrado en esa ocasión por César Flores Guajardo, Arturo Garza Gutiérrez, José Perfecto Vázquez Santos, otros dos más del citado barrio y se habían repartido entre todos, todos los ingredientes del caldo y los utensilios necesarios y lo más importante sobre todo, una tina del número 18, para que alcanzara para todos el suculento caldo con agua de Río. (El fuego mata todo y hasta a los tepocates).

Ya iban volteando a pie, en la esquina de Dr. Coss y Bravo, cuando sale a la puerta Israel Alfonso Adino Silva Maycotte, (todos sus hermanos tienen tres nombres) hijo del probo y emérito maestro Abel Silva Silva (autor de “Yo fui maestro rural”), que se publicó en “Semana Regional” semana tras semana y les dice:

- Yo también quiero ir. (la ralea del Buche, se hacía como que no oía, ya que no era del “grupo” y aparte, no sabía nada o casi nada de pesca).

Ante la insistencia de Adino por acompañarlos, éstos aceptaron, pero le sentenciaron:

- Tú vas a hacer el caldo, como castigo y para que te enseñes, mientras nosotros nos bañamos.

Partieron y en el Callejón Mina, empezaron a pescar con la mano y al rato, ya llevaban una jara como ensarta, con una horqueta abajo, para que no se “chorrearan” las ansiadas mojaras y lo que apareciera.

Se fueron “charqueando” Río arriba y se mencionan: La ballena, Tía Treja, Escondido, Los Sabinos, Las Paralelas, Cortina de la Acequia de los Vecinos, Charco del Lobo, El Recodo, Charco Azul, Las Anacuas, La Cortina, La Cuchilla, El Palo Quemado o Palo Gacho, en todos pescaron algo y de La Turbina regresaron a los sabinos del lado norte, de la acequia de los vecinos para hacer el ansiado caldo, ya para entonces traían un hambre marca “diablo”.

El pacto ya estaba hecho. Adino empezó a hacer el caldo y la ralea, procedió a nadar, tirarse clavados de todos los estilos del barranco y caían en la presita, que la cortina ayudaba a subir el nivel del agua y hasta “chacualeaban” y tiraban uno que otro “colazo”.

Al salir el mentado caldo, todos se sirvieron, una papita, 2 ó 3 mojarras y caldo en abundancia. Pero al observar a las mojarras, vieron que algunas no estaban “abiertas” y la mayoría tenían las protectoras “escamas”.

Ante la protesta de los experimentados pescadores, Adino se defendió diciendo:

- No me dijeron, cómo le hiciera, antes digan que les hice el caldo. (Como quiera todo voló y la tina era del número 18).

Algo aprendió Adino, a partir de esa desagradable experiencia, lo cual no se duda ni tantito. Pasados algunos años: despacha, da conferencias de pesca deportiva, gestiona y es diligente, atiende con gran prestancia lo relativo a pesca. Y es la “nueva ley” piscícola, allá en el Palacio Federal de la Ciudad de Guadalupe, Nuevo León, tierra adoptiva de Francisco Javier Guadiana Cárdenas del Barrio del Aguacate. Nomás para que se entuman más de cuatro. Han salido del ejido, y los alumnos de la “Antonio”, donde estén, están levantando el dedo, poniendo en alto el nombre de su escuela secundaria y el del terruño, tierra de añoranza y promesa.

De su tierra de remembranzas, de futuro promisorio, de sutil ensueño, de reencuentro con el pasado, de reencuentro al volver al terruño, tierra hospitalaria, tierra prodiga, tierra de maestros, tierra del pasado, presente y del futuro, tierra de cultura, tierra de retomar caminos y tierra de noble pasado y fecundo porvenir, como está plasmado en su escuela y coraza para proteger a sus hijos.


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