Profr. Benito López ValadezEl Profr, Víctor Alejandro Méndez, empezó a practicar el salto con garrocha, en una fosa de salto de longitud, a la vez que se le había echado arriba de la tierra suelta, un poco de serrín, que se consiguiera en las carpinterías locales. La citada fosa estaba al lado poniente de la cancha de Basquetbol, en Normal “Pablo Livas” y los costalazos que se daban los saltadores, no invitaban a que otros brincadores, se animaron probar suerte en el “nuevo salto”, esto sucedía a principios de 1956.

Los saltadores más destacadas en ese tiempo eran: Héctor Benito Ríos Flores y Benito López Valadez, quienes libraban la varilla de madera y triangular a una altura de 2.50 a 2.60 metros.

Cuando el Profr. Víctor creyó prudente, llevarlos a una competencia de verdad, los inscribió en el siempre recordado “Parque Acero” de Monterrey allá por el mes de mayo.

Los saltadores se reportaron con el juez del Salto con garrocha Ing. Rufino Escobar. Benito preguntaba por mera casualidad:

- ¿Con qué altura se va a iniciar el salto con garrocha?

- Tres metros. -Dijo muy serio el Juez.

Ni que decir, que aquella altura espantaba a los saltadores sabinenses y de antemano se creían derrotados, pero eso sí; por lucha no iba a quedar, probaron suerte, no faltaba más.

Los dos primeros saltos, los sabinenses no lograron ni siquiera tocar la varilla al hacer el intento, y volvían a caer en dirección de como venían corriendo para saltar. (Como quien dijera, la varilla ni se daba cuenta de que los saltadores la querían brincar). Pero oían que el Ing. Rufino Escobar le decía a su auxiliar:

- Teniente Patrocinio, tráigase la varilla de aluminio -y ambos dos reían por la rima del verso.

Se pudieron de acuerdo que en el último intento, antes de quedar eliminados, echarían toda la carne al asador. Tocó el turno a Benito López y la garrocha, casi llegó a la posición vertical de los 90 grados y mientras caía par atrás, les alcanzó a echar un grito tarzanesco.

Benito Ríos logró hacer lo que ningún sabinense, pero hasta ese momento había logrado, ante el asombro de propios y extraños, permaneció en equilibrio, por sobre la varilla, de espalda a la fosa de salto, en frente tenía al público y al Juez del evento, el acróbata saltador, estuvo en esa posición 5 segundos, el cuerpo formaba una escuadra y pareciera que se iba a sentar en la varilla. No caía ni para adelante ni para atrás, entonces pregunta al Profr. Víctor:

-¿Qué hago profesor Víctor?

-¡Pues bájate como puedas!

Le contestó el Profr. Víctor.

Benito no perdió tiempo, aventó hacia el público y hacia el Juez, la garrocha con gran fuerza y con ambas manos. Esta fue a dar directamente a la frente del Juez, que miraba atónito la acción y no tuvo tiempo de esquivar el golpe. Cayó  desmayado por el fuerte golpe y el evento se suspendió momentáneamente, mientras Benito, se sentó sobre la varilla, la quebró y cayó en el colchón de verdad, de los que si amortiguan el golpe y no como había ensayado en Sabinas. La risa los invadiría después por aquel memorable suceso. No a cualquiera le pasa algo parecido.


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