Profr. Benito López ValadezEn el año de 1979, allá por el mes de julio, cuando la canícula empieza a hacer estragos, entre los amantes de la pesca, es muy común “tratar de pescar” como ave nocturna, para escapar a los candentes rayos solares.

Pues bien, en una de tantas excursiones, Pedro Jiménez Berrones (empleado del IMSS), se hizo acompañar de Ramiro Cázares Saldaña, el Dr. Carlos Wong Álvarez, (que de paso debutó capturando un pintontle de más de 12 kilos, con 5 sardinas vivas que le pusiera Ramiro de carnada. Posteriormente, se tomó fotografías con los compañeros de la Clínica No. 10 del IMSS, para que le pudieran creer, quienes como Santo Tomás, aún viendo lo dudaban que lo hubiera capturado), Omar Treviño y partieron rumbo al Río Salado. (A veces no se sabe, si el salado es el río o los que van a pescar a él).

Llegando al puente, se fueron río abajo, en el Volkswagen amarillo 79 de Pedro, y al llegar a la altura del Ejido Aquiles Serdán, gustóles un piélago como de 500 metros de longitud, para que allí fuera el centro de operaciones. (Hay que recordar que hay unas enormes peñas, que utilizadas como islas, les permitían pescar casi en el centro del enorme charco). Y empezaron a pescar con botes y piolas y pensaban quedarse dos días pescando por aquellos lares y cavilaban en no toparse ningún reptil.

Omar se fue a probar suerte con Carlos y Ramiro, un poco más al oriente de dicho punto. Como a las dos o tres de la mañana, Pedro que se había quedado en el punto ya referido, sintió demasiado sueño y efectivamente, cayó en los brazos de Morfeo, echado literalmente sobre una de las piedras. Cuando de repente, una enorme garza, escogió también dicho lugar, y fue a posarse, sobre el cuello y hombro de Pedro, con sus patas más frías que el hielo polar.

Unos instantes después, casi no se sabía quien había asustado a quien. Lo cierto es, que Pedro daba enormes saltos y manotazos en todas direcciones y con la obscuridad, no sabía de qué animal se trataba o quien había osado despertarlo. (Sólo oía los aletazos). Por su parte, la asustada garza, sentía que la piedra que había escogido para pararse y descansar, se estaba moviendo y de pilón le tiraba garrotazos de ciego.

Al pasar la embarazosa situación, Pedro tenía el corazón como a mil por hora, pareciera o pareciese que había corrido el maratón de Bustamante a Sabinas, como cuando el Profr. Tomás González Garza, lo organizara en la década del 70.

Al poco rato, llegó Omar junto con sus compañeros y faltaban palabras a Pedro para explicar lo sucedido. A esa hora, recogieron todos los implementos y regresaron a casa. (Vale más que digan aquí corrió y no aquí murió).


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