Profr. Benito López ValadezSe recuerda que en el año de 1973 o 1974, llovió a cántaros, como pocas veces, suele suceder, en esta risueña y pescadora población. La presa Secretaría de Recursos Hidráulicos “Gral. Mariano Escobedo” en Sombreretillo, estaba recién inaugurada, su vaso se llenó por primera vez y alcanzó a “desaguar”, cantidades navegables. (Como decían los tomadores cuando agarraban la “jarra”).

La entrada para subir o llegar a la citada presa, estaba por el lado oriente del arroyo. El arroyo lo desapareció el agua, parte del camino, lo ensanchó más y “borró” algo de vegetación del mapa. Como era lógico, se aisló Sombreretillo y la presa también, la única forma era que un tractor estirara la camioneta en cuestión de ida y vuelta. Ni tardo ni perezoso Benito López, fue el primero a averiguar tal situación, contrató a un tractorista que por 50 pesos, haría tal función, pero con horario de pasada y de regreso.

Todo estaba preparado y el día pactado, amaneció a 2 grados centígrados bajo cero. Había que cumplir lo pactado y dicho y hecho, había que buscar 2 aventureros más, para subir y bajar el equipo. Llamó muy temprano a sus compadres: Oziel Ruiz García y Leonel Arturo Ruiz Reséndez, quienes dijeron: -Si vamos. –Nada más que la gente va a decir que estamos locos. Y así fue, se enfilaron un poco tarde, (como a las 8 de la mañana) al Parque Chapultepec, (más conocido como el Ojo de Agua) abajo en el arroyito sin nombre al oriente de la alberca y Santiago Robles ya estaba en su negocio esperando a los congelados clientes.  Este arroyito claro el 11 y 12 de marzo de 1997 volvió a correr como un septiembre de 1996. Algo insólito, brotó otra vez y más abundante que el arroyo “El Manzano”, a las 11 horas del 18 de abril. Inclusive por abajo de la mesa que está enfrente, junto a la anacua centenaria y dejó de correr otra vez a las 11 del 21 de abril, fecha en que se terminó de escribir estos apuntes.

Se buscó el nombre de arroyo claro y sólo quedó claro, que en 1990 l agente lo empezó a llamar “Arroyo El Manzano”. En honor al Sr. Manuel Lozano Montalvo que tiene su puesto cerca de donde nace o brota el agua. A 30 metros al poniente del puesto y como a 6 metros al poniente de un centenario moro, brota o nace el agua cuando llueve mucho en la sierra, espectáculo que muchos sabinenses no se quieren perder; pero que muchos ignoran, como el arroyo del “Sarro” con agua termal antes de la Cuesta.

Cuando vio que llegaron los pescadores, se asomó a la parte donde se conecta el arroyo con el río y dijo:

- No cabe duda que están locos, ¿A quién se le ocurre esperar a los clientes que no vendrán, a comer cabrito asado, en salsa o sangrita y con arroz?

- Don Santiago no contestó. Dio media vuelta y al poco rato se había venido a Sabinas, las palabras salían sobrando. El grupo continuó su fría tarea, hubo muchas sardinas y se dirigieron a Sombreretillo, el tractorista, ya desesperado, los pasó y quedó de volver a las 19:00 horas.

El agua estaba turbia, chocolatosa, pero en cada tiro, casi salía un robalo. En un momento, Benito le dice a Leonel:

- Pon este curricán, (un rapala dorado y plateado como de 15 centímetros o más).

- ¿Tu crees que este curricán le quepa en el hocico a un robalo? Dijo Leonel.

- Tú ponlo y no averigües. Y así fue, al caer el curricán un enorme robalo picó, pero por lo grande, o como le quieran llamar, reventó la hebra y adiós robalo.

Al poco rato el mismo pescador, capturó un robalo como de 250 gramos y ante la sorpresa de los pescadores, que estaban hechos paleta, un robalo más grande vino a tratar de tragarse al que ya venía pescado, pero no se le capturó, esto fue a unos pocos metros de la lancha. Falta decir que habían subido una parrilla de 2 quemadores con su tanquecito de gas, con la cual mitigaban el frío. La pesca fue muy abundante. Salieron congelados de la presa pero muy contentos.

Mientras tanto la hora ya se había pasado, el tractorista ya iba desesperado rumbo a Sombreretillo, hubo que ir a alcanzarlo y convencerlo que los pasara, aunque era fuera de la hora pactada y así sucedió. Regresaron y otro día fueron a darles una “muestra” a los clientes de Israel Arias Ruvalcaba, que les habían gritado también:

- ¡Están locos, quien va a pescar con este frío! Llevaban los robalos colgados de la camioneta Chevy 64 de Benito para que los vieran.


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