Profr. Benito López ValadezDe la natación y clavados, suele recordarse entre los Palomilleros las acciones deportivas siguientes: (en forma rápida y a ojo de pájaro).

Abelardo decía a la Palomilla:

- Vamos a ir a bañarnos.

No había que recoger ningún traje de baño (Ni se conocían).

Primero, ¡los llorones se quedan! (Se aclara que los integrantes de la Palomilla de menos edad, que en una excursión anterior, lloraban por: hambre, miedo, por lo tarde, por lo que les hacía, por el trato, etc., a esos, no los volvía a llevar, aunque sus hermanos dijeran que ellos los iban a cuidar).

Solían llevar la nigasura y a discreción por si acaso, se atravesaba al paso algún animal. (De los que vuelan y corren).

“Pepe” Moreno (que era tartamudo) decíale a Abelardo o “Laito”.

-Pléstame (préstame) la “nasuda” (nigasura) pada (para) tidadle (tirarle) a ese pajado (pajaro) (y sin acento).

“Laito” (que era como la carne de puerco) lógicamente, no le prestaba nada y de pilón lo “remedaba” diciendo:

- Si préstame la nasuda, pada tidadle a ese pajado.

Pepo, le decía a Abelardo, al llegar al solar:

- ¿Y si sale una indiada Abelardo qué hacemos? (Pepo se imaginaba que andaba muy lejos y siempre, o cada vez que iban salía con lo mismo).

Abelardo, inmediatamente le decía:

- ¡A cómo friegas siempre estás con tu indiada! Y allá en la casa, sales con: ¿Qué tienen esos jarros?

Y nunca le contestaba Abelardo. Hasta que su mamá, Doña María le decía:

- Hijito, dales “tepache” a los niños.

Es lógico recordar ahora después de 50 años que Abelardo le puso por sobrenombre a José Ramírez o “Pepo”, “El Tepache” y se le quedó. (Por los años de los años). Amén.

De allí, enfilaban a un charco hondo y llegando y nadando. Abelardo ordenaba siempre:

- Tírense de clavado, de panzazo, de bomba y como él quisiera y de la altura que él quisiera, de una anacua o nogal.

De nadar era lo mismo, él controlaba todo. Así transcurría, a veces todo el día y cuando veía que algún Palomillero, ya estaba “seco” con intenciones de salirse y ya no bañarse. Iba Abelardo y lo manchaba de zoquete y otra vez, ¡Patos al agua!

No está por demás expresar, que la necesidad de obedecerlo, si no les pegaba, hacía que todos nadaran como “sardinas” y se tiraran clavados como “Tarzán” en las películas. (Ahora muchos muchachos no saben nadar, bueno tampoco hay agua en le Río Sabinas). Cada viernes acudían al Cine Olimpia o al Teatro Baldazo, a ver las gustadas “series” y las películas de “Tarzán” y otras no recordadas, con diez centavos en galería, era raro que un Palomillero pagara los quince centavos en luneta. Y cuando iban a luneta Pepo y los demás, les daban una “pasadita” con hiedra ya se han de imaginar la comezón que les daba a las personas asistentes al Cine Olimpia o Teatro Baldazo.


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