En aquel memorable Campeonato Municipal de Atletismo de Invitación y III del Centro de Seguridad Social No. 4 verificado en el Campo de Aviación el sábado 25 de abril de 1971, Benito López Valadez consiguió con Hielo y Gaseosas, S.A. refrescos para los competidores y jueces del evento.

Para tal efecto, tuvo a bien, entregar boletos canjeables por los ya citados refrescos.

Después de dejar como encargado de dicha actividad a José Enrique Cuevas Rodríguez y de darle todos los pormenores, le dejó además 10 jugos de frutas y le sentenció: “Éstos no se los des a nadie, vendré por ellos más tarde. Serán para los jueces y para mi, para reponerme de la asoleada, tú sabes como quema el sol sabinense y aquí no hay agua ni para tomar”.

El evento se inició a las 8:34 de la mañana y antes de las diez horas, ya los competidores, con boletos en la mano, le reclamaban al organizador que ya no había refrescos. -¿Cómo que no hay? si se trajeron los suficientes para que duraran todo el día de competencias-. El problema se fue agudizando hasta que tuvo la necesidad de ir a donde está Cuevas y la hielera. -Oye Cuevas, ¿y los refrescos y mis 10 jugos? ¿qué pasó con ellos?. -Nada profesor, ya se acabaron. -¿Cómo que se acabaron? si todavía los competidores traen muchos boletos ¿no dejarías sola la hielera? -No profesor, de aquí no me he despegado, estoy como Martina, ni para ir al baño. -Muy bien, se acabaron. Y no hubo más que seguir con el evento y sin refrescos y los reclamos de los competidores, que no se habían percatado de tal situación tan embarazosa.

Se pasaron como 3 meses y en los primeros días de agosto, de la ciudad de Monterrey, del Departamento Deportivo de Prestaciones Sociales, enviaron al Centro de Seguridad Social No. 4 más de 50 fotografías tomadas por Salvador Furukawa en el evento ya que había sido enviado par cumplir tal función. Al estar observando dichas fotografías, el profesor Benito López corroboraba la sospecha que se tenía desde un principio, que la hielera la había dejado sola José Enrique.

En una de las llegadas de los eventos de pista, aparecía José Enrique, más atento que los mismos jueces y con la cabeza en la línea de meta para no perderse la llegada de los atletas. Alguien le susurró que su hermano era la carta fuerte en 200 metros planos, Ni tardo ni perezoso se fue a meter la cabeza al primer carril y le gritaba: “Aprieta Mario ¡Aprieta Mario!” la hielera, bien gracias. Y al centro del campo, se observaba que alrededor de la hielera había una nube de competidores que se estaban “volando” o “carranceando” los refrescos, los jugos y hasta los envases. ¡Mejor prueba no podía haber! ¡Antes no se llevaron la hielera! cada quien se despachó solo, como decía Miguel Garza Durán.

Con la fotografía en la mano acudió López a reclamarle a Cuevas tal acción y le dijo: “¿Te acuerdas aquella vez de los refrescos del Campo de Aviación? ¿No dejarías sola la hielera aquella infeliz vez?”. “No profesor, no la dejé sola ni un rato como la lo dije antes. Y acto seguido, le mostró la citada foto, Cuevas la observó por un momento y al darse cuenta de lo elocuente de la misma no le quedó mas que decir: “¡Sí, sí la dejé sola y me dejaron sin refrescos, sin jugos y sin envases! a'i en otra nos reponemos. “No, no creo que te de chanza”, le contestó Benito.


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