José Castellanos Maldonado

A la luz de los resultados que arrojaron las elecciones recientemente celebradas en 15 estados del país, aunque para el caso pueden tomarse los de cualquier otra elección, mientras los ganadores festejan y los derrotados se lamentan, bien harían, unos y otros, hacer un balance, y, sobre todo, un análisis serio y rigoristamente autocrítico, independientemente de si el resultado les fue favorable o adverso.

Por un lado, quienes obtuvieron el triunfo harían bien en preguntarse si ello fue una consecuencia lógica por el buen desempeño de sus correligionarios que les antecedieron en el cargo.

O porque la honestidad y la transparencia fue el sello distintivo de las administraciones (hablando de alcaldías o de la única gubernatura que estuvo en juego) y los titulares cumplieron al pie de la letra sus promesas de campaña.

Y por el lado de quienes perdieron, todo lo contrario, o sea, si ello se debió al mal desempeño de quienes les antecedieron en el cargo, o porque esas administraciones no fueron transparentes y la corrupción fue su principal característica, amén de que ni por asomo cumplieron sus ofrecimientos de campaña.

Finalmente, en el análisis también cabe sopesar cuánto pudo influir en el resultado, positivo o negativo, los abundantes o escasos recursos económicos invertidos en las campañas, el hartazgo de los ciudadanos, el hecho de haber participado en alianza con otros partidos, e incluso los arreglos o concertacesiones previas.

Lo importante, a fin de cuentas, es no caer en el autoengaño, sino ver las cosas tal y como en realidad son.

Castellanos
Miembro de la Asociación de Escritores de Sabinas Hidalgo


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