José Castellanos MaldonadoEn una columna anterior comenté acerca de una plática, de esas donde el tijereteo se pone sabroso y donde se habla de todo y todo se arregla.

Como suele ocurrir, en esas reuniones las cuestiones políticas acaparan los comentarios y los políticos y quienes se mueven en ese medio, son los principales blancos de las afiladas tijeras.

En la reunión de marras, además de comentar acerca de candidatos y lo que los caracteriza en dicha etapa, y también cuando ya están en funciones, a alguien se le ocurrió pedir a los presentes que tratáramos de imaginar cómo serían las cosas si los alcaldes y otros funcionarios no desviaran ni un peso y se ajustaran únicamente a su sueldo.

Obviamente, el salario tendría que ser acorde a la importancia y responsabilidad del cargo y de un monto tal que evite las tentaciones, aunque éstas siempre estarán ahí, por lo que también se requiere una honradez a toda prueba.

Así las cosas, si se excluyeran prácticas tales como inflar costo de obras, cobro de comisiones en contratos, o el famoso diezmo en pago a proveedores, así como gastos superfluos o de índole personal, posiblemente habría más recursos para ampliar metas, realizar más y mejores obras, y pagar puntualmente a proveedores, por ejemplo.

Además, en todo lo que se realizara podrían emplearse materiales de primera y en las cantidades requeridas, sin escatimar nada, de acuerdo a las especificaciones de cada obra.

Al respecto, otro de los presentes señaló que, sin descartar que puede haber excepciones, desgraciadamente todo lo anteriormente anotado era un sueño guajiro, que difícilmente podría convertirse en realidad.

Aún así, se vale soñar.

Castellanos
Miembro de la Asociación de Escritores de Sabinas Hidalgo.


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