José Castellanos Maldonado

El pasado 5 de julio, día de elecciones, en la casilla ubicada en la escuela Benito Juárez del barrio del Aguacate saludé a doña Irma Villarreal de Reyna.

José Castellanos MaldonadoEl pasado 5 de julio, día de elecciones, en la casilla ubicada en la escuela Benito Juárez del barrio del Aguacate saludé a doña Irma Villarreal de Reyna.

Varias semanas después, casi a finales de agosto, me encontré nuevamente a Doña Irma en un negocio, ahí por la calle Mina, y, al saludarla, recordé mi época de músico y las ocasiones en que amenizamos algún evento celebrado en la hermosa Quinta de su propiedad, ubicada por la Carretera a Villaldama.

Con la ventaja de que ahí residían, doña Irma y don Adolfo (Q.E.P.D.) estaban siempre al pendiente para cualquier cosa que se ofreciera, y atendían a todos con su característica amabilidad y don de gentes.

Entre otros grupos, ahí toqué con “Los Latinos” y con “Mar y Tierra”, y, si mal no recuerdo, mi última tocada en ese escenario fue con la “Banda Sabinas”.

Además, con el consentimiento de sus propietarios, en esa Quinta nos retratamos en varias ocasiones con los fines publicitarios, aprovechando para ello los espaciosos y bien cuidados jardines.

Conservo algunas fotografías que nos tomaron en ese lugar cuando formaba parte de la “Orquesta Estrella” y también con “Mar y Tierra”, que, entre paréntesis, fue mi primer grupo sabinense que contó entre sus elementos con una vocalista, siendo Coty Facundo.

Total, que los encuentros casuales con doña Irma Villarreal de Reyna trajeron a mi memoria recuerdos de mi participación en el gremio de los filarmónicos, que duró aproximadamente 20 años.

Por algo dice que recordar es vivir.


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