José Castellanos Maldonado

Aunque esta columna la redacté antes del domingo 5 de julio, para cuando se publique habrá transcurrido casi una semana de las elecciones y seguramente las aguas aún no se habrán calmado.

José Castellanos MaldonadoAunque esta columna la redacté antes del domingo 5 de julio, para cuando se publique habrá transcurrido casi una semana de las elecciones y seguramente las aguas aún no se habrán calmado.

Y es que luego de varios meses de intensas y, en algunos casos, muy sucias campañas, y aunque los ciudadanos ya expresaron su opinión a través del voto, lo más probable es que algunos de los contendientes todavía están en pie de guerra.

Ya sabemos que en un juego se gana o se pierde, y que en una elección un voto puede ser la diferencia entre el triunfo o la derrota.

Pero, aún así, no ha de ser nada sencillo asimilar un fracaso, mucho menos para quienes figuran como punteros en las contiendas, y con posibilidades reales de ganar, pues ya sabemos que hubo candidatos con nulas posibilidades de alcanzar el triunfo, aunque, a lo mejor dejaron por ahí una semillita que más adelante podría germinar.

Así las cosas, algunos candidatos derrotados seguramente impugnarán y harán su lucha ante las instancias correspondientes y tratando de revertir el resultado que arrojó el conteo en las urnas.

Y aunque se supone que es ahí donde se decide una elección, desgraciadamente podría haber casos en los que la resolución final quede en manos del Tribunal Electoral.

Existe la posibilidad de que el escenario descrito no este teniendo lugar, pues, como comenté al principio, esta columna la escribí antes del 5 de julio. Pero, con los acontecimientos conocidos, es muy probable que si esté ocurriendo.


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