José Castellanos Maldonado

Comentaba en la columna anterior acerca del aburrimiento o fastidio que notoriamente invade a algunos funcionarios municipales cuando ya han transcurrido dos años de las actuales administraciones y se ha iniciado el último año de sus gestiones.

José Castellanos MaldonadoComentaba en la columna anterior acerca del aburrimiento o fastidio que notoriamente invade a algunos funcionarios municipales cuando ya han transcurrido dos años de las actuales administraciones y se ha iniciado el último año de sus gestiones.

En tal estado de ánimo posiblemente influya la poca o nula vocación de servicio de quienes imaginaban una cosa y ya sobre la marcha resultó otra muy distinta.
Y es que en el transcurso de una administración los problemas son cosa de todos los días, y debe haber mucha disposición y estado de ánimo en todos y cada uno de los funcionarios, del Alcalde para abajo, para entender y atender de la mejor manera posible dicha problemática, sin “barras” y sin hacerle al Tío Lolo.

Eso, ni más ni menos, es lo que la ciudadanía espera de todos los funcionarios, quienes deberían tener siempre muy presente que son servidores públicos y que están para servir, no para servirse, y, mucho menos para que les sirvan.

Volviendo al principio, además del fastidio o aburrimiento, la distracción o falta de aplicación de algunos funcionarios también puede deberse, precisamente, y aunque parezca una incongruencia, a que desean continuar dentro de la función pública, y en cuando se abre el proceso electoral, a eso dedican tiempo y esfuerzo, ya sea por su cuenta y riesgo o apoyando a algún correligionario en sus aspiraciones, descuidando o dejando en un segundo plano lo que debería ser su principal preocupación como funcionarios públicos.

Así las cosas, y aunque la respuesta puede ser muy obvia en tales casos la pregunta obligada es ¿qué buscan realmente este tipo de funcionarios, cuyo desempeño, tan pobre y cuestionado, no garantiza nada bueno?


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