José Castellanos MaldonadoHasta Don Luis Santos de la Garza, distinguido panista nuevoleonés, se dijo sorprendido y desconcertado por la resolución del Consejo Estatal del albiazul en el caso del Alcalde de Monterrey, Adalberto Madero Quiroga.

Ante los escándalos y supuestos casos de corrupción de la administración municipal regia, una comisión especial del PAN propuso que se sancionara internamente al munícipe, el cual fue finalmente exonerado por el órgano directivo panista.

A decir de quienes conocen de estas cosas, el carpetazo que recetó el Consejo Estatal en este caso obedeció a un arreglo político para proteger, tanto a Madero como el partido, evitando que el escándalo continuara creciendo y les ocasionara algún perjuicio de cara a los procesos venideros.

Así las cosas, en este asunto el PAN actuó como lo hubiera hecho cualquier otro partido en un caso similar, pues, salvo cuando quieren bajarle los humos a alguien, lo más común es que busquen evitar que se haga mucha polvareda.

La incongruencia en este caso fue que, inmediatamente después de su controvertido fallo, el Consejo Estatal panista publicó un desplegado señalando que su partido “reprueba todo acto de corrupción y cualquier ejercicio indebido del poder público”, invitando, además, a la ciudadanía “a que denuncie los casos en que esto suceda”.

La pregunta obligada es: ¿Para qué?


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