José Castellanos MaldonadoMediante un convenio, cuya firma tuvo como escenario el Castillo de Chapultepec, los titulares de la Secretaría de la Función Pública y la Secretaría de Educación Pública, Germán Martínez y Josefina Vázquez Mota, respectivamente, acordaron sentar las bases para a partir de este año inculcar a los niños de preprimaria y primaria materias que promuevan una cultura de rechazo a la corrupción.

El Secretario de la Función Pública enfatizó que los maestros y el Gobierno federal tienen la obligación de inculcar en los estudiantes más jóvenes un respeto por los valores cívicos, que los lleven a rechazar, cuando hayan crecido, cualquier práctica opaca.

Por su parte, la titular de la SEP señaló que hacer de las escuelas un campo de batalla en contra de la corrupción ayudará a evitar futuros espacios de impunidad.

Al respecto, nunca estará de más cualquier intento para combatir un vicio tan arraigado como lo es la corrupción, y si en el programa tiene como destinatario a niños de tres o cuatro años de edad en adelante, es obvio pensar que a tan temprana edad los infantes asimilen mejor las enseñanzas o materias que les impartan sus maestros, pues a esa edad son como esponjas, que todo absorben.

Y es por esto último, precisamente, donde podría existir una falla, pues, antes que en los planteles escolares, es en el hogar donde los niños y las niñas aprenden lo que ven o escuchan de sus padres y de otros familiares, y si nuestro comportamiento o estilo de vida no es tan ejemplar como debiera, eso transmitiremos a nuestros hijos.

Aún así, es encomiable la intención de las dependencias involucradas en esta cruzada, cuyos frutos se verán en el futuro, cuando los niños de ahora, convertidos en adultos, sean personas con valores bien arraigados e incapaces de caer en prácticas de corrupción.

Crucemos los dedos porque así sea.


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