José Castellanos MaldonadoAdministrar un municipio no es cosa simple pues los problemas son cosa de todos los días y muchas las carencias, incluso, toda proporción guardada, lo anterior puede compararse con lo que ocurre en un hogar.

Y es que en nuestros hogares, en mayor o menor grado, también existen problemas y se sufren carencias que no dejan de preocuparnos.

Lo importante es la forma en que administremos nuestros recursos, procurando no gastar más allá de nuestra capacidad, y, de ser posible, tratar de hacer un guardadito que nos permita hacer frente a algún imprevisto.

Igual sucede en un municipio, donde una buena administración supone cuidar debidamente los recursos del erario, máxime que no son patrimonio particular, para lo cual debe evitarse dilapidarlos, manejándolos con absoluta honradez y transparencia.

En este sentido, con frecuencia ocurre que se argumenta la falta o escasez de recursos para negar algún apoyo o para realizar tal o cual obra, aunque, por otro lado, se crean nuevas dependencias o plazas de trabajo para darle cabida a amigos o correligionarios, amén de autorrecetarse jugosos incrementos de sueldo, particularmente entre los funcionarios de primer nivel.

También, al igual que en un hogar, donde de repente se despilfarran recursos en cosas superfluas, en los municipios se realizan en ocasiones obras de relumbrón o que no son prioritarias, pero sí muy costosas, las cuales merman seriamente las finanzas en detrimento de otros rubros más importantes y necesarios.

Y así podríamos anotar otras similitudes, pero siempre habrá una gran diferencia, porque lo que hagamos, bien o mal, en nuestros hogares, beneficiará o perjudicará a unos cuantos; mientras que el desempeño de las autoridades municipales puede beneficiar o dañar a toda la comunidad.


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