José Castellanos MaldonadoA menos de tres meses de que concluya el sexenio encabezado por Vicente Fox, es indudable que a lo largo del mismo han ocurrido algunas situaciones inéditas.

Inclusive, puede tomarse su triunfo en julio del 2000 como un presagio de lo que vendría luego, pues en aquella memorable fecha terminó la hegemonía del PRI y, por primera vez en siete décadas llegaba a la Presidencia un candidato postulado por un partido distinto al tricolor.

En este tenor, entre algunas situaciones que nunca antes se habían visto, al menos en los niveles que ahora se dieron, puede mencionarse el intento del mismísimo Presidente para que su esposa fuera la candidata del PAN en la carrera presidencial.

También, su ilegal intromisión en el reciente proceso electoral a favor de Felipe Calderón: “Cambiemos de jinete, no de caballo”. “Si continuamos por este camino, mañana México será mejor que ayer”, etc.

Y qué decir del culto a la personalidad y el gasto escandaloso en publicidad, y, lo más reciente, que no pudiera dar su mensaje en el Congreso con motivo de su sexto informe.

En contrapartida, al igual que antes, cambiando únicamente los protagonistas, el PAN se convirtió en la agencia de colocaciones del Gobierno, siguen los funcionarios “todólogos”, la corrupción continúa vigente, las violaciones a la ley se siguen midiendo con dos varas distintas, miles de mexicanos siguen emigrando al vecino país del norte y crece más la brecha entre los pocos que tienen y disfrutan de todo y los muchos que carecen hasta de lo más indispensable.

Ojalá que Felipe Calderón rompa la inercia y no cometa los mismos errores, aunque, por lo visto, el poder no es tan simple de sobrellevar, y si no se conserva la cabeza en su sitio puede ser hasta pernicioso.


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