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Escrito por Santos Noé
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lunes, 20 de marzo de 2006 |
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Te he contemplado clavando en la cruz de la ignominia que los hombres alzaron queriéndote juzgar.
De tus labios resecos y sedientos la sangre mana y en lugar de una diatriba le pides a tu Dios que los sepa perdonar.
Hoy de nuevo el mundo vuelve en una cruz, tus doctrinas a colgar, y de nuevo tú imploras: ternura, compasión, perdón para su mal.
¿Hasta cuándo? los hombres sedientos de oro y de poder. ¿Hasta cuándo? seguirán odiándote y en un vil madero tus ternuras y bondades dejarán desfallecer.
Miro la realización de mis ideales muy lejos de su sino. Formada por el oido y por el mal hay penumbra en mi camino.
Más es tanta la pasión que me domina que como tú, me someto a mi destino: y sigo adelante recorriendo mi camino a cuestas con mi cruz.
Santos Noé |