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Nuestras Cosas PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Garza Inocencio   
viernes, 14 de enero de 2005

Profr. Salvador Garza InocencioLas tiendas de antes tenían una marquesina, es decir un techo de concreto que cubría las banquetas que circundaban los negocioa y aún hoy las podemos apreciar por ejemplo en la esquina de Escobedo y Victoria, en Porfirio Díaz y Escobedo, en Porfirio Díaz y Doctor Coss y en otros sitios del pueblo.

En la esquina noreste de Zaragoza y Antonio Solís, había una construcción y como las que he descrito también tenía su marquesina y las cuatro esquinas de ese cruzamiento tenían "ochavos", es decir las esquinas no eran ángulos rectos. Pues bien en la esquina antes mencionada había una enorme casa, de grandes ventanales y protegidos ellos con gruesas rejas, sus paredes exteriores siempre pintadas de color crema y un verde pálido.

Allí viviía un médico cirujano y su esposa Doña Hortensia procedentes de San Luis Potosí, por la calle Zaragoza antes de llegar a la esquina había un portón de lámina y por un agujero hecho por un clavo, tal vez en forma equivocada, podíamos observar al interior del enorme patio lleno de higueras y palmas datileras y vigilando ese enorme espacio no un gran perro, sino un puma.

Al doblar Zaragoza y caminar al oriente por Antonio Solís, podíamos escuchar las hermosas notas musicales de un piano y melodías grabadas en acetato de algunas obras de ópera, en esa casa había cultura musical y científica, visitando hace días el Museo Regional pudimos ver la placa del consultorio del médico que allí vivió, el doctor Luis Martínez Loyola.

Pero así está el mundo y éstas son "Nuestras Cosas".

Hasta la próxima.

 

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