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Es un cuadro misterioso que luce un par de colores; del mar canta los olores, de las olas, lo sinuoso. Fuera del hecho asombroso es la costumbre, el olvido, lamento, sombra, un gemido en lo inconcebible atado; si acaso, es sol recordado pero siempre restituido.
Es sólo fugaz momento bajo un vidrio capturado, donde el cielo consternado sangra con tenaz acento. Gime de dolor el viento y el agua del mar colora las dulzuras en que otrora los destellos fulgurantes, hoy lívidos y distantes, cantaran con voz sonora.
Sólo sombras permanecen en el cuadro de la nada y, ante la mar observada, las alturas se anochecen. Las estrellas enloquecen porque la peña se esconde dejando yo no sé dónde la pasión desvencijada, la inquietud inusitada y la voz que no responde.
Una sombra casi humana, mi silueta frente al mar, dio lo que tuvo que dar aquella tarde lejana. Y ya no habría un mañana para esa constante voz que un día fuera feroz y que ahora el sol oculta como una triste resulta de aquella tarde de adiós.
Autor: Ramiro Rodríguez. De Perspectiva de una Silueta (1997) |