|
I
Amanece Diez mil espasmos enredan agua de mares La arena inunda manos y aliento Me abraza –la arena– desde lejos Me reivindica en sangre y sumerge mi cuerpo mar adentro Atrapado estoy en redes de siete ninfas Soy Odiseo del siglo XX
Mi cama es una isla donde habita nada más que silencio Un extraño silencio que me agita hasta morir sin miedo en barca de soledad Es soledad bien venida por los siglos de los siglos porque en soledad agonizas mueres en soledad y en soledad renaces para luego agonizar en muerte y renacer a la eternidad momentánea
Amanece Soy Odiseo del siglo XX
II
Mi barca navega sin hundirse en aras de tormenta Es barca violentada por el tumbo impredecible de olas brazos que llegan hasta mis arenas y se marchan al morir el sol
La espuma cede su blancura al poderoso estruendo de mi intemperie La sal pierde su concepto ante mi propia sal –que es sal de sales– que es vencedora irrevocable de fantástica batalla en playas de Grecia
Los mares pueden darse a mi conquista Los mares desembocan en mis manos porque esta sed de consumación perpetua hará que se conozcan todos los misterios marinos
¡Ah! Las manos ¡Las manos! ¿Quién fue el artista de su creación?
III
Soy náufrago sin tiempo Los dioses mueren cada instante Despacio lento lentitud Mueren y remueren de rabia –ante mi gloria– tras batallas de violenta abstinencia Desencuentran hecatombes Se desvanece un homicidio que conduce sólo a un proyecto mal gestado
Sobrevivo a la tormenta que se abalanza sobre mis seis letras hasta lo más íntimo Renazco tras violento arrebato de olas que arrastran lo que quedaba de inocencia hasta brazos cubiertos de egoísmo
Si algún día presintiere su nueva ronda mi carne de acero sería carne solamente –sería calor caliente calentura– y aceptaría el reto donde sucumbe el cuerpo porque la sangre se renueva al impacto vital de su existencia
Autor: Ramiro Rodríguez. De Destiempo (2002) |