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Escrito por Ramiro Rodríguez Martínez
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viernes, 04 de enero de 2008 |
Pensando mejor las cosas te diré: ya no te quiero; me cansé del ruego triste, por tanto, ya no te ruego. Que me pasé muchas noches construyéndome, en secreto, una imagen de blancura para ubicarla en mi templo. Me revestí de inconsciencia para encontrar el momento de perderme entres tus mares y consumarme en tu pecho. Cuando tocamos la luna jamás pensé en el encuentro de palmeras y gaviotas que me pintaron tus besos. Besos que, además, pintaron soledades y silencios, me hallé en espejos vacíos y en la arena del desierto. Hoy entiendo que te gusta confundir sin miramientos y aherrojar en calvarios el amor que yo te ofrezco. Mis ojos sólo eran tuyos y los lanzaste hacia el viento, me aventaste a la deriva y naufragué con mis miedos. Y así como están las cosas te diré: ya no te quiero, porque me duele tenerte y no tenerte en mi templo.
Ramiro Rodríguez |