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Nuestras Cosas PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Garza Inocencio   
lunes, 05 de noviembre de 2007

Profr. Salvador Garza InocencioEntre las tres y cuatro de la tarde era la hora de la merienda. Y en ese tiempo se aparecia frente a las puertas de las casa del pueblo, un niño descalzo con una enorme canasta de pan y cubierta ésta por un inmaculado mantel.

Era la hora de la merienda, el pan llegaba hasta la casa calientito; molletes, polcas, volcanes, pastelillos, hojarascas.

Allá en el cruce de Bravo y Mier y Terán, alrededor de las tres de la tarde se llenaba el ambiente de un agradable olor a pan recién horneado.

En ese lugar vivía Doña Esperanza Peña y le acompañaba su hermana Panchita inseparable ayudante en la elaboración de aquel pan de huevo, horneado en el cocedor que se encontraba en el patio de aquella casa.

Había dos horneadas, una a las once de la mañana y otra a las tres de la tarde; y los niños vendedores de aquel pan, llegaban con sus enormes canastas a gran cantidad de hogares y gritando por la ¡Pan, pan, pan! de “aca Esperanza”.

Y el barrio se llenaba del agradable aroma de la panadería y muy cerca de allí atendiendo con diligencia un taller de reparación de calzado se encontraba Don Quinco Siller.

Pero así ésta el mundo y estás son “Nuestras Cosas”.

Hasta la próxima.

 
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