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Escrito por Ramiro Rodríguez Martínez
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jueves, 11 de octubre de 2007 |
Paulino Garza Cisneros vivía en Timones cuando alzó su vuelo al valle de los muertos. Una luna llena lamía el cultivo de algodón y las aguas efímeras de un arroyo incipiente. Los arbustos abrieron paso a ojos traicioneros. Sólo huellas de traición quedaron sobre el pasto y el eco transfigurado volando hacia el cosmos.
Los celos corrompen conciencia y cordura, la implosión resquebraja la voz del ser humano, dagas ardientes nos pierden en constelaciones de fuego interno, traición, anonimato, culpa. El hombre oculto detrás de árboles indefinidos lanzó la muerte hasta el cuerpo de Paulino.
Y ahí quedó mi tío abuelo, disperso en la tierra, extendido en brazos plateados de luna llena. El polvo de su cuerpo blanco regresó al polvo. Y ahora una tumba sin cruz lo guarda en la tierra.
Ramiro Rodríguez |