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Nuestras Cosas PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Garza Inocencio   
viernes, 26 de noviembre de 2004
Profr. Salvador Garza InocencioLos esperábamos temprano, sin embargo llegaron un poco tarde, tu abuela estaba inquieta porque no llegaban, les tenía preparado un rico almuerzo, les hizo varias llamadas al celular y no contestaron.

Al fin llegaron y los invitamos a almorzar y resulta que nadie tiene hambre. Tú mi nieta parlanchina, permaneces en silencio con la vista clavada en el piso, ¿Qué te pasa? —te dije, y me contestaste— estoy triste abuelo, bajábamos la cuesta y vimos una camioneta volcada, papá se detuvo para auxiliar ya había gente y estaba allí una muchacha joven con múltiples quebraduras y que con llanto y dolor pedía su aparato de radio, mi padre lo busca entre la maleza, lo encuentra y se lo entrega y con él se comunica con sus familiares, estaba en ese lugar un pequeño que también estaba herido y la joven que antes preguntara por su radio, ahora preguntaba por su hermano que según era quien manejaba el vehículo, pero su hermano estaba cubierto de sangre y ya no respiraba. ¿Crees abuela que pueda tener hambre? Muy cierto, salimos y eso lo sabemos, lo que no sabemos es si regresaremos. Una llanta, la neblina, la lluvia, la velocidad, una dormitada o un conductor atravancado pueden acabar con nosotros.

Pero así está el mundo y éstas son "Nuestras Cosas".

Hasta la próxima.

 

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