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Josefina Valadez de Mascareñas |
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Escrito por Profr. Rubén Helio Mascareñas Valadez
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Página 7 de 11 Formar parte de sociedades y clubes de servicio. Servir fue su sexta y más importante decisión. Su vida toda fue, podemos decirlo sin exagerar, un constante servicio a los demás, una renuncia a las comodidades y al ocio improductivo. Por ello merece que guardemos y enaltezcamos su memoria. Sirvió al pueblo que la vio nacer, enseñando a sus pequeños las primeras letras. Sirvió a la ciudad en la que estudió su carrera, cuidando a sus enfermos y atendiendo a sus mujeres. Sirvió a la ciudad donde se casó, colaborando con sus conocimientos y habilidades. Sirvió a cada comunidad a donde fue enviado su marido atendiendo a sus enfermos y difundiendo la palabra de Dios con la voz y el ejemplo. Sirvió en fin, a Sabinas Hidalgo, en múltiples formas en que sabía hacerlo: curando a sus enfermos, consolando a las viudas y dolientes en general; llevando mensajes de optimismo y alegría a los pequeños de la Primera Iglesia Bautista; ayudando a venir al mundo a miles de sabinenses y comunicándolos por medio del periódico del pueblo y entregándose con entusiasmo, aún en la vejez, a servir en las nobles causas sociales de diferentes agrupaciones que han hecho de la ayuda a sus semejantes la divisa más importante de sus actividades: Clubes de Damas, Sociedad Mutualista, Club Sertoma, Cruz Roja, etc. Las páginas de “Semana” son testigos de las múltiples formas en que se reconocía la labor desarrollada por doña Josefina Valadez de Mascareñas. En el 793 correspondiente a 1970, aparece un poema que le dedica A.G.C. titulado “La plegaría de una madre”: “Ayúdame a llevar sobre mis hombros la dulce y dura tarea de ser madre y déjame hacer con mis escombros el manto de amor que los ampare. Dale Señor a mi ser inteligencia para saber mostrarles el camino, y pon en mi alma la paciencia que tienes con tus hijos Dios divino. Ilumíname Señor yo te lo pido, y llena mi alma de grande fortaleza, que no tengo que dejarles a mis hijos, más que mi amor y la virtud como riqueza. Y cuando la llama mi vida se consuma un último favor que me consagre: poder oír desde mi tumba, la oración de mis hijos, por su madre”. En el No. 951 de enero de 1974 el Profr, Orlando Tijerina Torres escribió un acróstico múltiple con las letras de “Semana”, titulado “Reconocimiento”. Sus dos últimos, los dedica a doña Josefina: “Sencillamente... y Bondadosamente En prolongado silencio entretejió su nido Mística entrega y Devoción de Santa Al prodigar su cariño al desvalido: Nunca en vano, diminuta su figura, se agiganta Al enfrentar la adversidad serenamente. Suaves..., muy suaves... pero firmes, muy firmes Están los dedos de otra mano siempre lista y vigilante: Manos de apariencia débil y pureza diamantina Al primer soplo de vida... de la vida palpitante... No dejan a su dueña descansar un solo instante Así es Doña Josefina... Un capítulo de Sabinas...” En el No. 1013, de abril de 1975, el autor Gumersindo Ruvalcaba, residente de Houston, Texas, le dedica con resto y cariño un acróstico: “Josefina fue ejemplo y luz en tu destino Ofrendas tus bondades a raudales Sin ti, ¿qué hubiera sido en nuestros males? En ti, nos hizo Dios ver lo divino. Figuras como tú, no nacen tantas, Iguales como tú, no sé que existan. Naciste para ser Mártir y Santa. Admiro tu labor... la más altruista. Virtuosa, para mí, la más virtuosa, Amable con su esposo, con sus hijos. La madre y, la mentor más gloriosa. A todos nos pareces un prodigio. De todos sois la amiga cariñosa. En todos tienes tú, miles de amigos. Zagala... de mi pueblo, la Diosa”. En el No. 1580, correspondiente a Julio de 1986, el Profr. Celso Garza Guajardo escribió sobre ella lo siguiente, a propósito de un homenaje que a nuestra biografía rindieron las Damas de Sabinas Residentes en San Nicolás: “Doña Josefina es una benefactora de Sabinas Hidalgo, lo es por su quehacer humanístico y por sus enseñanzas ejemplares para todos nosotros... ¿habrá descansado alguna vez doña Josefina desde que llegó a Sabinas Hidalgo en 1939? ¿de dónde saca fuerzas para servir constantemente a sus semejantes? ¿de dónde revive a diario su entusiasmo para ayudar, para colaborar en distintas tareas y para rezar sin desayuno por los demás? ¿de dónde toda esa vocación sincera, natural, constante, de amor a sus semejantes? Estoy seguro que cada uno de nosotros tenemos muchas razones para agradecerle acciones en lo general y en lo particular que nos han beneficiado... estoy seguro también que todos hemos aprendido de su ejemplo como también afirmo que serán invaluables sus enseñanzas para los sabinenses de ahora y para los hijos y los nietos de los sabinenses del mañana. (...) Su vida y sus obras constantes, incansables e invaluables, se han traducido en enseñanzas, en enseñanzas bíblicas del bien, del trabajo y del amor”. En el No. 573 de agosto de 1965, ya el Profr. Francisco J. Montemayor había escrito un breve y encantadora biografía de doña Josefina: “El jefe de la casas se marchó jubiloso atendiendo el llamado de Aquél “que mueve al sol y las demás estrella”; la ejemplar compañera quedó en el hogar; los hijos son mayores de edad. Ella continúa, como cuando tenía 18 años ejerciendo su apostólico trabajo; Sabinas se enorgullece de contarla como suya; ¡Es una ejemplar mujer, como hija, como esposa y como madre! ¡Debe ser tomada como ejemplo vivo en esta época tenebrosa en que el modernismo bárbaro rompe la unión familiar! Desde la costumbre de la serenidad de que hablaba el poeta, en forma pobre y humilde trato de enaltecer aquello que honor merece; por eso he escrito estos mal hilvanados renglones, deseando con fe de convencido que la suerte depare a la humanidad contar entre sus filas, damas de la categoría humana de una mujer: “Doña Josefina Valadez Vda. de Mascareñas”, honra y prez de mi Sabinas Hidalgo”. Ya anciana, después de una vida plena, ésta le empezó a sonreír, al disfrutar la compañía de sus nietos. Los primeros le brindaron pequeñas satisfacciones como la culminación de una carrera profesional o un éxito menor en el terreno intelectual: la dedicación de una tesis o la buena noticia de un ascenso. Esto la llenaba de orgullo por sus hijos quienes gracias a ella alcanzaban todo aquello, siempre guardaba aliento con respecto a sus propios méritos. Llegando a este punto, es conveniente mencionar algo acerca de la educación que logró dar a sus hijos. César Octavio, el mayor, estudio en Seminario Hispánico de Los Ángeles, California, y se convirtió en ministro, al igual que su padre. Posteriormente, en la ciudad de Los Ángeles, California, estudió la carrera de enfermería, siguiendo los pasos de su madre. Jorge estudió y se tituló de maestro en la Escuela Normal “Miguel F. Martínez” de Monterrey, Nuevo León. En 1953 fundó el periódico “Semana”, actualmente “Semana Regional”. Abiel Homero estudió en la Universidad de Nuevo León los primeros años de la carrera de medicina, pero regresó a Sabinas Hidalgo a cursar la carrera de maestro en la Escuela Normal “Pablo Livas”. Fundó posteriormente el Colegio Latinoamericano e implantó el premio científico estudiantil “Josefina Valadez de Mascareñas”. Evangelina se recibió de médico cirujano y partero en la Universidad de Nuevo León. Rubén Helio se tituló de profesor en la Escuela Normal “Pablo Livas”, al igual que Benito López, sobrino criado por doña Josefina, David Oscar y Ethelvina, sobrina ésta última a quién adoptó para educar y curar de una deformación en una pierna. Sara se tituló de laboratorista en la Universidad de Nuevo León y posteriormente de arquitecto en la Universidad de Coahuila y de maestra de inglés de la Normal Superior de Nuevo León. Rebeca se graduó de enfermera en la Universidad de Nuevo León. En resumen, una familia de profesionistas que en diversas formas sirven al pueblo que los recibió y educó, bajo la dirección de su madre.
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