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El barrio del Aguacate PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Profr. Rubén Helio Mascareñas Valadez   
sábado, 17 de diciembre de 2005
Índice del Artículo
El barrio del Aguacate
I. El barrio físico
II. Las casas
III. La vida económica
IV. La vida social
V. La vida civil
VI. La gente
VII. La vida cultural
VIII. Algunos personajes de fama
IX. El humor
X. El río
XI. La muerte del aguacate
Conclusión
Apéndice
Créditos

IV. La vida social

La vida social del barrio era rica y variada, como correspondía a la edad de sus participantes. En la tarde y la noche los niños jugaban rondas y escondidas, los chamacos a los bandidos o al bote volado y los mayorcitos se reunían en las esquinas a contar historias de aparecidos o de personajes fantásticos. Durante el día se jugaba al trompo, a la pelota o al bate, a las canicas, el balero y el yo-yo; por las tardes se aprendía a fumar, primero en cañuto de parra que escaldaba la garganta y luego en Carmencitas, Rialtos, Argentinos y Faros. Más tarde vendrían los Belmont, Chesterfeld y Lucky Strike, cuyas cajetillas vacías eran motivo de colección para los chamacos. Por las noches jugábamos a los bandidos, al omblítage, saltando unos sobre otros, a los prisioneros, al bote volado, a las cebollitas o al burro, donde el más fuerte se pegaba al poste y todos tras él tratábamos de sostener el peso de los que caían encima.

En la plaza había varios puestos o estanquillos que hacían las delicias de los jóvenes con las ricas limonadas, los refrescos de plátano, sodas, etc. Sus propietarios quedan en el recuerdo: Manuel El Matado, Manuel Flores, Horacio Cavazos, Pancho Serrano y otros.

Los jóvenes paseaban por la noche en la plaza escuchando música o buscando a la pareja que el destino les tenía reservada. En ciertas bancas de la plaza y también dentro del cine, los enamorados se entregaban, cubiertos por la oscuridad, a las caricias. La chiquillería disfrutaba al máximo las películas de Durango Kid, Tarzán, Flash Gordon, El Gordo y El Flaco y demás. Otra actividad social muy practicada por los chamacos era el hurto de naranjas. Por virtud de los “ataques” a vecs la cosecha mermaba y había que extremar la vigilancia. Un grito estentóreo o la simple presencia del guardián nos hacía huir despavoridos.

Ir a la tirada implicaba armarse de una buena hulera o nigasura y de piedras redondas, entre los chamacos, y de rifle 22 de un tiro, de las llamadas de salón, de repetición o automáticas entre los jovencitos, que regresaban a casa con palomas o conejos, o con fruición los devoraban asados mientras permanecían en el campo.

Las bodas, cumpleaños, piñatas, entierros, lotería, baraja y demás reunían a niños, jóvenes y mayores en alegre camaradería. Se comían hojarascas, café, refrescos, tamales, fritada, cabrito en salsa o asado y arroz en abundancia.



 
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